8/11/12

Dimensión cultural de la obesidad *


Dimensión cultural de la obesidad

Hace un tiempo, la obesidad era considerada como un trastorno más de carácter estético que médico. Ahora, las principales autoridades sanitarias mundiales la califican ya de un problema grave de salud pública. Además, ha pasado de ser una dolencia propia del estilo de vida de la sociedad occidental a extenderse a los países en desarrollo. Calificada como una «epidemia en extensión», la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que de no tomar las medidas oportunas la incidencia podría duplicarse en pocos años. Su carácter multifactorial obliga a analizarla desde distintos ámbitos. La cultura es uno de ellos, según expertos británicos.

Dar una dimensión multifactorial a la obesidad es lo que numerosos expertos han venido haciendo desde que la enfermedad empezó a alcanzar cifras elevadas. Una de estas dimensiones la acaban de caracterizar expertos de la Universidad de Yale, en el Reino Unido, según los cuales existen diferencias en cuanto a percepción de la obesidad. «La población estadounidense negra define obesidad en términos positivos, y la relacionan con la atracción, el deseo, la fuerza y la estima personal», afirma Maryanne Davidson, uno de los responsables del estudio británico. La población estadounidense blanca, en cambio, se refiere al mismo término con definiciones contrapuestas. La definen como «no deseable», y la asocian a una «imagen negativa del cuerpo, y a una baja autoestima».

Los responsables del estudio admiten además que podría haber variabilidad sobre cuál es el Índice de Masa Corporal (IMC) considerado «normal» y a partir de qué cifra una persona puede considerarse obesa. En la clasificación de sobrepeso y obesidad propuesta por el comité de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el punto de corte para definir la obesidad es de un valor de IMC de 30 kg/m2, limitando el rango para la normalidad a valores de entre 18,5-24,9 kg/m2. Según Davidson, actualmente se trabaja en la «estandardización» de la obesidad, aspecto que pasa por el establecimiento de IMC generales. En 1912 se establecieron en EEUU las primeras pautas para el peso ideal, que se revisaron en 1959. Esta nueva consideración puso al 40% de la población femenina americana en la categoría de obesas..

La organización sanitaria internacional estima que la obesidad afecta al menos a 300 millones de personas en todo el mundo. Estas cifras pueden llegar a demostrar, aseguran los expertos, la dimensión cultural de la enfermedad, ya que menos del 5% de las cifras se sitúan en Japón y China, mientras que más del 75% se sitúa en algunas naciones africanas. Datos recientes demuestran que el 54% de los americanos adultos tienen sobrepeso, y que la enfermedad afecta a las mujeres de todas las culturas.

Transición nutricional

Según un estudio presentado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la dinámica de la epidemia varía en función de la zona geográfica. En los países pobres, las personas tienden a engordar a medida que aumentan sus ingresos, mientras que en las economías desarrolladas o en transición, mayor ingreso se relaciona con formas delgadas. En la mayoría de los casos, el desarrollo y avance de la obesidad son el resultado de cambios en la dieta, en la actividad física, la salud y la nutrición, todo ello conocido como «transición nutricional».

Las estimaciones de la OMS muestran que el sobrepeso y la obesidad están aumentando de forma espectacular en los países bajos y medianos ingresos. Los mismos cálculos apuntan a que más del 75% de las mujeres mayores de 30 años de países tan diversos como Barbados, Egipto, EEUU, Malta, México, Sudáfrica y Turquía tienen sobrepeso. Estas cifras son similares para los hombres de países como Alemania, Argentina, Grecia, Kuwait, Nueva Zelanda, Reino Unido y Samoa. Para Catherine Le-Galès Camus, subdirectora general de la OMS para Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental, si no se toman las medidas adecuadas ya, el rápido aumento de sobrepeso y obesidad en muchos países de bajos y medianos ingresos «auguran una carga de enfermedades crónicas en esos países en los próximos 10 y 20 años».

En Méjico y Brasil, por ejemplo, donde el exceso de peso era hasta hace unos años una muestra de abundancia, ahora marca todo lo contrario. La disponibilidad cada vez mayor de alimentos a precios bajos implica que los más pobres tengan acceso a una dieta más rica, mientras que el acceso a la educación nutricional continúa limitada y, en consecuencia, queda también restringida la capacidad de adoptar hábitos alimenticios adecuados. Según datos de la World Heart Federation, las poblaciones urbanas de muchos países han cambiado su dieta e incrementado su consumo de grasas saturadas y azúcares y reducido el de fibra. Para Mario Maranhao, presidente de la Federación, «un incremento de la incidencia de la obesidad tan pequeño como el 1% en países como la India o China se traduce en unos 20 millones más de casos de obesidad».

Acciones

Las acciones de lucha contra la obesidad van paralelas al aumento generalizado en los distintos países. En Israel, por ejemplo, el Ministerio de Educación acaba de prohibir la venta de bebidas gaseosas en los centros educativos. Esta medida pretende combatir la obesidad infantil, que afecta a un 18% de los menores de edad de este país. El cambio se extiende también a puestos y quioscos que operan dentro de las escuelas, de los que tendrán que desaparecer las patatas fritas y las salchichas, entre otros alimentos grasos.

En el Reino Unido los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo han disparado los índices de obesidad, y las previsiones de las autoridades sanitarias del país apuntan a que uno de cada tres hombres tendrá sobrepeso en 2010. Según un informe presentado recientemente, entre 2004 y 2010 el sobrepeso entre las personas adultas aumentará un 38%, mientras que entre los jóvenes crecerá un 19% entre los chicos y un 22% entres las chicas.


ESTILO DE VIDA

¿Influye la hora de la comida en el desarrollo de la obesidad? Según un estudio estadounidense publicado en New Science parece ser que sí. Científicos del Departamento de Agricultura de EEUU (USDA, en sus siglas inglesas) aseguran que la cena es la comida en la que la mayoría de consumidores obesos recibe las calorías de más, en concreto unas 100 calorías al día por encima de lo considerado aconsejable.
De nuevo aflora aquí el peso de la cultura, ya que las necesidades energéticas se cubren de forma distinta en países ricos y en pobres. En estos últimos, los recursos son tan limitados que en muchas ocasiones es imposible alcanzar las 2.200 kcal al día. En el 20% de la población se dispone, en cambio, de dietas que permiten obtener más de 3.000 kcal diarias.

El estudio estadounidense determina que, a pesar de que muchas de las personas se saltan el desayuno, compensan el déficit energético consumiendo alimentos ricos en grasa y azúcar durante el resto del día y, de forma especial, durante la cena. El mismo estudio demuestra que a pesar de las acciones emprendidas para concienciar a la población de la necesidad de reducir el contenido de calorías, la mayoría de las personas no las siguen.


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