11/5/16

Arroz alimento clave para combatir obesidad [11-5-16]

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Arroz alimento clave para combatir obesidad

SAGARPA asegura que ayuda a controlar el peso corporal y regular la función intestinal

El arroz es un alimento clave para combatir la obesidad, ya que es sano, nutritivo, energético, sabroso, económico y un pilar de la alimentación de los habitantes del mundo, indicó Alejandro Álvarez Rocha, Secretario del Consejo Mexicano del Arroz.

En un comunicado, Luís Bueno Torio, presidente del organismo, dijo que existe una desinformación de que el alimento engorda, sin embargo, asegura que los chinos y los japoneses opinan lo contrario, y sus índices mínimos de obesidad así lo demuestran.

El ejecutivo menciona que mediante campañas de promoción se ha logrado pasar de 4.5 a 6.1 el consumo per cápita del cereal en el país, sin embargo, la cifra es menor a la de otros países en el mundo.

Por su parte, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), señala que el arroz ayuda a controlar el peso corporal debido a que su fibra otorga mayor sensación de saciedad, mientras regulariza la función intestinal y mantiene el sistema gastrointestinal saludable.

De acuerdo con la dependencia, el cereal es nutritivo y sano, pues contiene 170 calorías por porción, aporta 4% de proteínas y es rico en vitamina B, explicó la dependencia.

Por último, agrega que este cereal en México genera una producción de alrededor de 250 mil toneladas anuales y participan más de 100 mil personas en su cultivo, industrialización y comercialización. (El Semanario Agencia, ESA)

29/4/16

El arte de usar la mente para adelgazar [29-4-16]


El arte de usar la mente para adelgazar

Expertos en nutrición aseguran que permite bajar de peso, prevenir la diabetes y mejorar el estado anímico. Aquí te contamos de qué se trata.

Este plan busca regular la secreción de insulina, estabilizando los niveles de hidratos de carbono en la sangre, además de brindar saciedad. También permite regular la microflora intestinal, para que el paciente pueda adelgazar y regular su estado anímico, al subir  sus niveles de serotonina.

Hay que crear, además, hábitos alimenticios diferentes que permitan una pérdida de peso, pero comiendo de acuerdo a las necesidades personales. Este plan de adelgazamiento debe hacerse como máximo durante 15 días y de forma estricta, pasando luego a un período de otros 15 días donde puede flexibilizarse cada menú. Esto se debe a que con el plan se cambia el mecanismo neurobiológico que obliga a comer.
Aquí te presentamos un ejemplo para seguir la dieta.

En los siguientes casos, los alimentos están combinados para aumentar su capacidad termogénica y para controlar el índice glucémico.

Desayuno
1 yogur light con cereales y 1 cucharada de germen de trigo.

1 rodaja de pan con gluten, con una cucharada de miel.

Almuerzo
Ensalada verde con vegetales de estación.
Pollo o pescado.

Merienda
Igual al desayuno.
Media tarde
1 manzana.

Cena
Ensalada colorida de estación (tomate, zanahoria).
Espaguetis de harina integral o arroz integral o milanesa de soja.

14/4/16

¿Qué es el glutamato monosódico y por qué aumenta la voracidad? [14-4-16]


¿Qué es el glutamato monosódico y por qué aumenta la voracidad?

El glutamato monosódico, también llamado E-621, es un producto natural que normalmente se ingiere en pequeñas cantidades en las proteínas de la dieta o como aditivo. Dado que es completamente inocuo, su uso como potenciador del sabor en alimentos envasados como las patatas fritas, las salchichas y todo tipo de aperitivos es cada vez más frecuente. Tanto es así que se estima que de 200.000 toneladas de glutamato que se produjeron en el mundo en 1970 se pasó a 1.500.000 toneladas en 2005.

Este hecho no dejaría de ser un dato económico puramente anecdótico si no fuera porque un equipo de científicos españoles dirigido por el profesor Jesús Fernández-Tresguerres descubrió hace unos años que este aditivo modifica el patrón de conducta del apetito y la saciedad, produciendo un aumento de la voracidad de hasta un 40 por ciento. Fernández-Tresguerres ha llegado aún más lejos al demostrar que un medicamento llamado memantina, indicado para el alzhéimer, puede inhibir la acción del glutamato. En experimentos con 14 pacientes obesos en Alemania observó que la administración del fármaco en gotas o pastillas hacía que los sujetos perdieran el 10 por ciento de su peso en dos meses sin modificar la dieta. Además, los pacientes manifestaban una desaparición de la sensación de “hambre ansiosa”. Si bien los resultados son todavía preliminares, podríamos estar ante un nuevo e interesante frente para combatir la voracidad.
 

13/4/16

¿Sabes cuántas calorías necesitas consumir al día? [13-4-16]


¿Sabes cuántas calorías necesitas consumir al día?

Conocer el número de calorías que debemos consumir al día es vital para controlar nuestro peso. Si descuidamos en exceso este aspecto nos encontraremos con sorpresas la próxima vez que subamos a la báscula.


Continuamente vemos en las televisiones y en multitud de anuncios de Internet esas dietas milagrosas que prometen pérdidas de peso extremas o convertirnos en pocas semanas en el próximo Rocky Balboa. Lo cierto es que no hace falta buscar dietas con nombres rebuscados para conseguir los resultados deseados, simplemente basta con tener 2 pilares en cuenta al hablar de la alimentación, las calorías consumidas y los macronutrientes. En este artículo quiero centrarme únicamente en calcular cuántas calorías consumir al día, ya que es la clave para mantener o modificar nuestro peso.


Cómo calcular las necesidades energéticas de nuestro cuerpo

El cálculo de las calorías que necesitamos se hace basándonos en el gasto metabólico. Aquí deberíamos hacer una distinción entre el metabolismo basal y el requerimiento energético total. El metabolismo basal son las necesidades energéticas que requerimos para realizar las funciones del cuerpo básicas en reposo y en ayunas. Como haremos al día más cosas que estar tumbados sin movernos, a este número hay que hacerle una serie de modificaciones dependiendo de distintas variables como la actividad física, con lo que obtendremos el requerimiento calórico total.

El metabolismo basal se calcula en kilocalorías/día y se puede saber mediante una prueba llamada calorimetría indirecta. Sin embargo, también podemos aproximarnos a ese número utilizando diferentes fórmulas matemáticas que enseguida veremos. Lo importante es que una vez que sabemos el número de calorías que necesitamos podremos hacer cambios en nuestro peso.

Si a nuestro cuerpo le damos exactamente las calorías que necesita, mantendremos nuestro peso. Si hay un balance negativo entre lo que ingerimos y lo que se gasta conlleva a una pérdida de peso, mientras que un balance positivo conlleva a una subida de peso. Dependiendo de la actividad física realizada y de los macronutrientes (hidratos de carbono, grasas y proteínas) ingeridos, ese cambio se traduce en un mayor cambio en el porcentaje graso del cuerpo o en la musculatura.

Existen diferentes variables que afectan al metabolismo basal

  • Talla y peso: el metabolismo basal es menor en las personas bajas y delgadas, mientras que es mayor en altos y corpulentos. Una persona con mayor masa muscular consumirá más calorías, ya que mantener esa masa cuesta energía.
  • Edad: las necesidades disminuyen con la edad, esto es debido a la composición corporal a lo largo de la vida, la masa magra va siendo sustituida por masa grasa que necesita menos aporte energético para su mantenimiento.
  • Sexo: normalmente es mayor en los varones, por lo que hemos comentado antes de la masa magra.
  • Clima: es mayor en los climas fríos.
  • Situaciones especiales como fiebre alta, estrés, cirugía...


Formulas


Para calcular (aproximadamente) las necesidades energéticas hay diferentes fórmulas


Fórmula de Harris Benedict:
es una de las más utilizadas, pero no toma en cuenta el porcentaje de grasa del individuo, por lo que cuanto mayor sobrepeso tenga la persona mayor será el margen de error.

  • Hombre: 66,473 + (13,751 x peso en kg) + (5,0033 x estatura en cm) – (6,7550 x edad en años)
  • Mujer: 655,1 + (9,463 x peso en kg) + (1,8 x estatura en cm) – (4,6756 x edad en años)


Fórmula de Katch-McArdle: si tenemos un lipocalibre o una báscula de bioimpedancia es la que deberíamos utilizar, ya que esta fórmula sí que toma en cuenta la masa corporal magra y el porcentaje graso. Pongamos un ejemplo de esta última. Si una persona pesa 69kg y tiene un porcentaje de grasa del 22%, tendrá una masa magra del 78%, es decir, 53'82kg (0'78*69).

  • 370 + (21,6 x masa corporal magra en kg)
  • Gasto basal = 370 + (21,6 x 53,82)


Ahora hay que tomar en cuenta la actividad de la persona


Dependiendo de la actividad de la persona multiplicaremos el valor conseguido anteriormente por uno de los siguientes. Recordemos que es una simple aproximación:

  • Sedentaria: una persona que hace muy poco o nada de ejercicio. GB x 1,2
  • Leve: deporte de 1-3 veces por semana. GB x 1.375
  • Moderada: deporte 3-5 veces por semana. GB x 1,55
  • Fuerte: deporte 6-7 días por semana. GB x 1,725
  • Muy fuerte: 2 entrenamientos al día actividad física intensa: GB x 1,9

Hay otros factores que también influyen como el embarazo (+150-300Kcal/día) o estado de lactancia (+750kcal/día), la edad (>50 años -200kcal/día, >75 -500Kcal hombres y -400Kcal/día si son mujeres) o si se está padeciendo una enfermedad (subirán las calorías depende del tipo). Metabolizar los alimentos también consume energía (acción dinámico específica), dependiendo del macronutriente a procesar se necesita una cantidad diferente de energía, pero para no complicarnos es común hacer una suma del 5-10% a nuestro gasto total.


Conclusiones

Resumiendo, para calcular las necesidades usaremos una fórmula en concreto y tendremos distintos factores en cuenta, pues modificarán dicho número. Por ejemplo:

  • Un hombre de 24 años, 80 kg y 180 cm según la fórmula de Harris Benedict tendrá un gasto basal de 1898kcal. Si tiene una actividad moderada, la cifra asciende a 2942kcal. Puede parecer mucho, pero si esta persona mantiene su actividad esa es la cantidad que necesitará para no cambiar de peso. Si no hiciera ningún ejercicio necesitaría 2277kcal. Recordemos sumarle a esas cifras un 5-10% más si queremos tener en cuenta la acción dinámica específica de los alimentos.

Un kilogramo de grasa corporal contiene aproximadamente 7.000 kcal. Según la ecuación de Harris-Benedict, si alguien con un gasto basal de 2.500 kcal consume solo 2.000, debería perder 1 kg en 14 días.

Como ya he dicho, con las fórmulas no vamos a conseguir la cantidad exacta de calorías que necesitamos al día, pero nos iremos aproximado. El siguiente paso será probar durante una semana las calorías calculadas para ver cuánto nos hemos acercado. Si al pesarnos tras esta semana de pruebas hemos subido de peso, significa que nos hemos pasado y si bajamos nos hemos quedado cortos. Recordad que si nuestro objetivo es bajar de peso los expertos recomiendan que no nos pasemos de bajar medio kilo por semana.

9/4/16

Problemas nocturnos debido a la obesidad


Problemas nocturnos debido a la obesidad

Las personas con obesidad y sobrepeso también están expuestos a desarrollar el llamado Síndrome de Apnea Obstructiva del Sueño

Además de ser proclives a padecer diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia (niveles altos de colesterol en sangre) o artrosis degenerativa (desgaste del cartílago y deformación de la superficie del hueso de una articulación), entre otras afecciones, las personas con obesidad y sobrepeso también están expuestos a desarrollar el llamado Síndrome de Apnea Obstructiva del Sueño (SAOS), que les evita disfrutar de un sueño reparador.

De acuerdo con cifras de la Federación Mexicana de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello A. C. (Fesormex), 98 por ciento de las personas con obesidad mórbida (personas cuyo índice de masa corporal es mayor a 40) presentan el síndrome de apnea obstructiva del sueño.

Según el doctor Jorge Parra Mariscal, miembro de dicho organismo, la apnea es el periodo de respiración interrumpida, de 10 a 30 segundos durante el sueño, que pueden llevar al paciente a situaciones extremas como infartos o accidentes vasculares.

Durante estos episodios, que pueden ocurrir hasta 400 veces durante la noche, la persona deja de oxigenarse correctamente, por lo que entran en acción mecanismos compensatorios de alerta como la hipertensión y la taquicardia. Lo cual, aclaró el especialista, están relacionados con el desarrollo de problemas de tipo vascular, neuronal o cardiaco.

Tras un bloqueo momentáneo del paso del aire, las respiraciones normales se reinician con un resoplido o un jadeo; razón por la cual aquellas personas con ese síndrome suelen roncar fuertemente. Sin embargo, el ronquido no siempre es indicio de apnea obstructiva.

Otros síntomas de esa enfermedad son: movimiento de las piernas durante el sueño, somnolencia diurna, dolor de cabeza, dificultad para levantarse en las mañanas, falta de concentración y memoria, baja de rendimiento en el trabajo, pérdida o disminución del interés sexual, garganta seca al despertar e hipertensión arterial; así como diaforesis o sudoraciones mientras duerme.

De acuerdo con Parra Mariscal, puede haber apneas centrales y periféricas. Las primeras son aquellas en las que el paciente presenta alguna afección neuronal y el cerebro suspende temporalmente el envío de señales a los músculos que controlan la respiración.

En tanto, el síndrome periférico se presenta cuando uno o más agentes externos obstruyen las vías aéreas. Cabe mencionar que se trata de un evento multifactorial; sin embargo, existen algunas causas comunes tales como: la desviación del tabique nasal, la presencia de amígdalas hipertróficas o aumentadas de tamaño, sufrir alguna alergia, ser fumador y tener sobrepeso.

A este respecto, aseguró que en el momento del sueño el cuerpo se encuentra totalmente relajado. Por lo que, “la flacidez de los tejidos producen una obstrucción natural; además de que la capacidad pulmonar se ve limitada por la obesidad o sobrepeso”.

Además, el exceso de grasa corporal cubre el tejido que rodea la garganta, lo que facilita la aparición o agravamiento del síndrome de apnea, al estrechar el paso de aire por esta zona.

Asimismo, el experto de la Fesormex señaló que las personas con exceso de peso también es proclive a padecer hernias hiatales (parte del estómago se introduce en el tórax por un agujero o hiato en el diafragma) y reflujo, que a su vez ocasiona faringitis. “Una cosa lleva a la otra y hay que ir armando el rompecabezas poco a poco”, refirió.

El diagnóstico del síndrome de apnea se hace a partir de una revisión que, de ser requerida incluye una endoscopia de fosas nasales, cavidad oral, laringe, faringe y cuello; con lo que el otorrinolaringólogo verifica la presencia de alguna obstrucción.

Asimismo, es necesario realizar una polisomnografía. Este estudio mide los ciclos y etapas del sueño a partir de las ondas cerebrales (EEG), la actividad eléctrica de los músculos, los movimientos oculares, la frecuencia respiratoria, la presión arterial, la saturación del oxígeno en la sangre y el ritmo cardíaco. Los resultados, señaló el especialista, reflejan los niveles de oxigenación, si el paciente está haciendo apenas, con qué frecuencia y de qué duración; además del tipo de obstrucción: central o periférica.

Parra Mariscal explicó que en la mayoría de los casos el síndrome de apnea es controlable. El tratamiento va en función de la historia clínica de cada paciente; sin embargo, es posible erradicar factores externos que se relacionan, entre los que figura el tabaquismo, la ingesta de alcohol antes de dormir, evitar consumir alimentos y acostarse inmediatamente.

En caso de tener alguna obstrucción en las vías respiratorias, dijo, ésta puede ser retirada quirúrgicamente; con ello se reducen las posibilidades de que la apnea continúe presentándose.

El miembro de la Fesormex destacó que aquellas personas que sufren de obesidad deben someterse a un tratamiento multidisciplinario para bajar de peso, controlar el síndrome de apnea y prevenir la aparición de otras enfermedades.

6/4/16

HIPERTENSIÓN ARTERIAL Y OBESIDAD [6-4-16]


HIPERTENSIÓN ARTERIAL Y OBESIDAD

Existen abundantes pruebas clínicas y epidemiológicas de la asociación entre T.A. Y peso corporal (P.C.). No todos los hipertensos son obesos y tampoco todos los obesos son hipertensos, sin embargo, la relación entre obesidad e HTA ha sido bien documentada en la mayoría de grupos raciales, étnicos y socioeconómicos.

En el estudio Framingham Heart Study sugieren que, aproximadamente, el 78% de los casos de HTA en varones y el 65% de los casos en mujeres se pueden atribuir directamente a la obesidad.

- La influencia de la obesidad en los niveles de T.A. Comienza en una etapa temprana de la vida. Aunque la relación entre obesidad e HTA existe a lo largo de todo el ciclo vital, es más estrecha en los adultos jóvenes con edades comprendidas entre 20-50 años y disminuye con la edad. Es decir, que en los sujetos de mayor edad, la obesidad sólo amplifica la relación edad – T.A.

- El tipo de obesidad también es un determinante importante en la prevalencia de HTA.
Los sujetos con obesidad central presentan mayor riesgo de HTA, y de tener otros factores de riesgo cardio-vascular (diabetes, colesterol alto).
El parámetro utilizado para medir la obesidad central es la circunferencia de la cintura.
Si la circunferencia de la cintura es > de 102 en los varones y > de 90 en las mujeres; se asocia a un incremento 2 a 3 veces del riesgo de HTA.

- El aumento de peso a largo plazo, aumenta espectacularmente el riesgo de HTA y la pérdida de peso se asocia a un riesgo significativamente inferior.

- La Hipertensión inducida por la obesidad tienen algunas características diferenciales de las observadas en pacientes hipertensos delgados.
En los obesos hay un volumen alto de plasma circulante y sangre entera y, sin embargo, la resistencia vascular (calibre arterial) es inapropiadamente normal.
Los obesos tienen más posibilidades de desarrollar una hipertrofia (gran desarrollo) del ventrículo izquierdo que los no obesos.

- El objetivo del tratamiento antihipertensivo es reducir la morbimortalidad asociado a la hipertensión.

El fracaso terapéutico en los hipertensos se debe en gran medida a la obesidad. Los pacientes obesos e hipertensos, necesitan una mayor cantidad de fármacos que los pacientes hipertensos delgados de la misma edad y sexo.

La restricción moderada de la ingesta calórica y de la sal constituye el tratamiento más efectivo y seguro para la HTA del obeso.

El efecto antihipertensivo de la dieta se potencia con un incremento del ejercicio físico, pues éste también ayuda a controlar la tensión, aunque no se pierde peso.

La pérdida de peso, además de disminuir la tensión arterial, permite mejorar notablemente la función cardiaca.

El gran reto no sólo es lograr la pérdida de peso, sino el conseguir mantenerlo para poder mantener así mismo la T.A. En valores normales.

(*)Marta Aguirre es licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valladolid, Máster en Nutrición e Higiene Alimentaria por la Universidad de Burdeos y doctora en Medicina en la Universidad del País Vasco.
 

30/3/16

Los mejores alimentos que puedes comer para adelgazar y alargar tu vida [30-3-16]


Los mejores alimentos que puedes comer para adelgazar y alargar tu vida

Existe la creencia de que es imposible adelgazar sin sufrir porque no te encuentras saciado. No es cierto, si consumes alimentos como los que te proponemos

Si quieres adelgazar hay algo que debes de tener claro: independientemente de la dieta que escojas tendrás que ingerir menos calorías de las que ingerías antes y, si la elección de alimentos no es la adecuada, pasarás hambre. Existe la creencia de que es imposible adelgazar sin sufrir porque no te encuentras saciado, pero lo cierto es que las dietas que funcionan son las que consiguen todo lo contrario: que ingieras menos calorías en total, pero sin pasar hambre.

Los frutos secos son uno de los alimentos que más calorías aportan, pero también uno de los alimentos más útiles en las dietas de adelgazamiento: basta con consumir un puñado para aplacar el hambre. Se trata de calorías muy bien invertidas, pues al ser ricos en fibras y grasas saludables dan una profunda sensación de saciedad en muy pequeñas dosis.

Para disfrutar de las bondades de los frutos secos es importantísimo conocer las cantidades que debemos consumir

Pero esta no es la única ventaja de los frutos secos. Un estudio reciente publicado en el New England Journal of Medicine demostró que si añadimos a nuestra dieta una cantidad moderada de avellanas, almendras, nueces, cacahuetes o pistachos lograremos reducir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares en un 29% y en un 11% el riesgo de contraer un cáncer. Por no hablar de sus conocidas propiedades para reducir el colesterol “malo” (LDL) y elevar el “bueno” (HDL).

Ahora bien, para disfrutar de las bondades de los frutos secos es importantísimo conocer las cantidades que debemos consumir. Un puñado es saludable, cuatro ya no lo son tanto. La doctora Alessandra Bordoni, profesora de Ciencia de los Aliementos en la Universidad de Bolonia, es especialista en frutos secos y ha explicado en La Reppublica en qué puede ayudarnos cada uno y cuánto debemos comer para que su ingesta no sea contraproducente.

1. Anacardos

El anacardo es un fruto seco originario de Venezuela y Brasil pero que es cada vez más consumido en Europa. Es uno de los frutos más selectos (y, al menos en España, también uno de los más caros), y no es de extrañar dadas sus propiedades. Los anacardos, asegura Bordoni, “contienen una gran cantidad de ácidos grasos monoinsaturados, ácido fólico, vitaminas B1 y B2, y minerales como el zinc, el cobre y el selenio, que ayudan a proteger las células del daño oxidativo”.

¿Cuántos debemos comer?

Los anacardos tienen 574 calorías por cada 100 gramos. 30 gramos equivalen a unos 20 anacardos.

2. Nueces

Las nueces son los frutos del nogal, un árbol oriundo de Oriente Medio pero que fue introducido en Europa en época romana. Se trata, por tanto, de uno de los frutos con los que estamos más familiarizados. Y no deberíamos abandonarlos nunca.

Según la profesora Bordoni, las nueces son útiles para prevenir el riesgo cardiovascular, dado que contienen una elevada cantidad de ácidos grasos omega-3 y omega-6. “Muchos estudios han demostrado que estos ácidos grasos, tomados en cantidades apropiadas, tienen un efecto preventivo sobre el riesgo cardiovascular”, asegura la doctora. Además son una importante fuente de hierro, un importante aliado de los procesos cognitivos y en la formación de glóbulos rojos.

¿Cuántos debemos comer?

Las nueces tienen 654 calorías por cada 100 gramos. 30 gramos equivalen a unas 5 nueces. Según un estudio citado por Bordoni, para sacar partido a las propiedades protectoras del sistema cardiovascular de las nueces debemos ingerir 30 gramos al día. 

3. Avellanas

La avellana es el fruto del avellano común y, aunque se encontraba en Europa en tiempos de los romanos, no llegó a España hasta el siglo XIX. Es necesario recordar que aunque la avellana es el ingrediente principal de muchas cremas de cacao, sus propiedades no son las mismas que consumida al natural, por no hablar de la enorme cantidad de azúcar añadida que llevan estos productos.

Al igual que las nueces, las avellanas contienen grandes cantidades de ácidos grasos omega-3 y omega-6, pero además contiene una cantidad elevada de vitamina E, que ayuda a proteger las células del estrés oxidativo.

¿Cuántos debemos comer?

Las avellanas tienen 628 calorías por cada 100 gramos. 30 gramos equivalen a unas 26 avellanas. Si tomamos una ración de este tamaño estaremos ingiriendo el 90% de la cantidad recomendada diaria de ácido fólico que, como recuerda Bordoni, es especialmente importante para la salud de las mujeres embarazadas.

4. Almendras

La almendra es uno de los frutos secos tradicionalmente más consumidos en España que es, de hecho, el segundo productor mundial tras Estados Unidos. Como explica Bordoni, “las almendras son una fuente de vitamina B2, que contribuye al mantenimiento de la piel y a la reducción del cansancio y la fatiga”. También contienen elevadas cantidades de magnesio, fibra y vitamina E. Además es un fruto seco muy recomendable para las personas con hipertensión, pues su contenido en sodio es muy bajo (siempre, claro está, en su versión al natural).

¿Cuántos debemos comer?

Las almendras tienen 575 calorías por cada 100 gramos. 30 gramos equivalen a unas 23 avellanas.

5. Pistachos

El producto nacional de Irán es uno de los frutos secos más sabrosos, pero no por ello es menos saludable: tiene importantes cantidades de cobre, un mineral que protege la pigmentación del pelo y defender a las células del estrés oxidativo; magnesio, que ayuda a reducir el cansancio; y arginina, una excelente fuente de proteína vegetal.

¿Cuántos debemos comer?

Los pistachos tienen 567 calorías por cada 100 gramos. 30 gramos equivalen a unos 25 pistachos.

6. Ciruelas

Las ciruelas pasas (y también las uvas) tienen, como la mayoría de frutos secos, propiedades antioxidantes. Pero su principal ventaja, como señala Bordoni, es su alto contenido en fibra, que les convierte en un gran aliado del sistema digestivo. Además, son una buenísima fuente de vitmina B1. Tienen además bastante menos calorías, pues aunque se suelen incluir en la categoría de frutos secos, son en realidad una fruta deshidratada.

¿Cuántos debemos comer?

Las ciruelas pasas tienen 204 calorías por cada 100 gramos. Podemos ingerir algo más, unos 40 gramos, que equivalen a unas seis ciruelas.
 

27/3/16

La flora intestinal y la obesidad [27-3-16]


La flora intestinal y la obesidad

Un estudio aporta nuevos factores que influyen en el desarrollo de la obesidad

La obesidad es un problema que el los últimos años ha logrado extenderse con rapidez por todo el mundo. En la población infantil, por citar un ejemplo, las cifras nos indicas un ritmo de 350.000 nuevos obesos por año en todo el mundo.

Un estudio realizado por Meter Turnbaugh, investigador de la Universidad de Washington en St. Louis, ha demostrado que la reducción parcial de ciertas bacterias que normalmente forman nuestra flora intestinal, puede sumarse a los factores que influyen directamente a la obesidad, tales como la dieta y el sedentarismo.

El intestino de las personas obesas tiene una composición bacteriana que se diferencia de la de las personas con un peso normal, asegura Turnbaugh. Gracias al estudio, se percibió que mientras se reducía el número de bacteriodetes intestinales, una de las dos clases de las llamadas “bacterias buenas”, que son quienes ayudan en el proceso de la digestión, la enfermedad aumentaba.